“COMO LAS COSAS humanas no sean eternas, yendo siempre en declinación de sus principios hasta llegar a su último fin, especialmente las vidas de los hombres, y como la de don Quijote no tuviese privilegio del cielo para detener el curso de la suya, llegó su fin y acabamiento cuando él menos lo pensaba”, y me anuncian así el final de la larga cabalgada de “La Actualidad Almanzora”, en su formato de periódico de papel, como los de antes, con las formas y usos de un periodismo periclitado, casi difunto.
Los usos y costumbres de leer en un café, con un cigarrillo que se hace ceniza en la mano, mueren, han muerto ya, a manos de la tecnología, la inmediatez y las prisas de los tiempos. Ya no hay periodismo, sustituido por el artificio de la sobreabundancia de informaciones y opiniones, faltas de un sosiego que nadie parece echar de menos.
Incluso la prensa local o comarcal, que dio aliento a esta hazaña de un solo hombre, se considera improrrogable en la medida en que hoy todos somos opinadores de todo, de derecho, de política, de fútbol, de moral y de consejos dietéticos… somos más los que escribimos que los que leemos. Y así nos va.
Los votos se cuentan, pero las opiniones se pesan. El periodismo es un género efímero, flor de un día, y muere cuando la irrelevancia del sofisma se generaliza y las opiniones han de ceder a ese principio de todas las demagogias. Decía Borges, y por ello fue muy criticado, que la democracia era “un abuso de la estadística”… obviamente opinión impropia e incorrecta pero que antes que él sostuvo Sócrates, la verdad no se sostiene en el número de “likes”, normalmente aliñados de exabruptos sin razón alguna, con exceso de sentimentalismo, emoción o fanatismo, y que se dirimen con ese criterio en el patio de Monipodio de las redes sociales, en las que pastan las mayorías.
El mundo cambia. Nosotros, a ciertas edades, nos resistimos a cambiar.
Despedida afectuosa al viejo y humilde periódico y con ella, a todos los periódicos de un mundo más tranquilo, ni mejor ni peor, diferente. Pero una sociedad vale lo que valen sus integrantes. La tecnología nos permitirá que todos seamos escritores, pintores, artistas del mundo post industrial. Así sea la calidad del vino que se produzca en las siguientes añadas.
Un abrazo a los que hicieron posible esta larga singladura. Y que los vientos les sean propicios en el coche que sustituirá al viejo caballo.