“EEUU diseñó un plan para estudiar los efectos del plutonio en los vecinos de Palomares”

El periodista José Herrera revela que, “con la complicidad de los gobiernos de España”, los americanos realizaron un simulacro de limpieza para investigar las consecuencias en la salud de la exposición a contaminación radiactiva

El Dr. Langham ante el maniquí de metacrilato que se utilizaba para calibrar el contador radiactivo introduciendo en sus órganos cantidades medidas de plutonio. Foto: Laboratorio Nacional Los Álamos.

Las últimas investigaciones de José Herrera, director del documental ‘Flecha rota’ sobre el accidente nuclear de Palomares, desvelan que la Armada norteamericana decidió, tras el accidente nuclear de 1966, convertir a los vecinos de Palomares en “cobayas” de un laboratorio, para experimentar sobre las consecuencias de la contaminación radiactiva en el organismo humano. Lo hicieron “con el conocimiento y connivencia del Gobierno español de entonces y de quienes le sucedieron hasta 2004”.

Dirigido por el doctor bioquímico Wright Haskell Langham –jefe de investigación biomédica del laboratorio de Los Álamos, que participó en el diseño y construcción de las bombas que arrasaron Hiroshima y Nagasaki en 1945-, el ejército de EEUU realizó un “simulacro” de limpieza de las tierras emponzoñadas con plutonio. “Se llevaron 1.000 m3 y dejaron los 50.000 que aún quedan con la complicidad del Gobierno de España”.

Según Herrera, el ministro de Industria en 1966, Gregorio López Bravo, fue informado por el presidente de la Junta de Energía Nuclear, José María Otero y Navascués, de que los americanos habían dejado 9 kilos de plutonio esparcidos en algo más de 40 hectáreas al concluir la operación de descontaminación.

Para hacerlo, Langham urdió una argucia: ordenó arar los terrenos contaminados para enterrar a 30 cms. de profundidad el polvo radiactivo y, en vez de evaluar la radiación del suelo con medidores geiger, mandó hacerlo con detectores de partículas alfa, “que sólo la percibe en superficie”.

Pero el plutonio afloró al labrar las tierras para cultivarlas, “tal y como calculaba Langham”, apostilla Herrera. En ese momento, el bioquímico norteamericano puso en marcha el Plan Indalo. “Trataba de conocer los efectos del plutonio en el organismo humano al ser inhalado y, posteriormente, excretado con la orina”. En 1966 se realizaron análisis exhaustivos a 69 vecinos de Palomares y a 59 en 1967, “de los que 57 resultaron positivos” en radiación. “En 1970 se triplicó la dosis registrada en los análisis y dejaron de hacerse reconocimientos”, hasta que fueron detectados “dos casos de leucemia” en la barriada cuevana en 1974 y volvieron a llevarse a cabo, a partir de entonces, de forma masiva.

A pesar de ello, los Gobiernos españoles continuaron sin establecer medidas de protección a la población de Palomares hasta 2004, cuando valló las zonas afectadas. Hasta entonces, “ni siquiera informó a los agricultores y empleados que construyeron dos balsas para riego sobre la probabilidad de inhalar plutonio” al trabajar en las tierras contaminadas.

Aunque las autoridades reconocen casos de cánceres de pulmón, hígado y huesos, “característicos de la radiación, concluyen que también podrían deberse a otras causas, y es cierto, pero no por ello hay que descartar que puedan haber sido causados por el plutonio”, añade Herrera.

ESPAÑA PAGA

El Proyecto Indalo tuvo un coste de 62.168.494 euros –en cifras actualizadas- a lo largo de cuatro décadas. Es justo el doble de los 31 millones que, según el Plan de Rehabilitación de Palomares, costaría limpiar los terrenos. De los 62 millones de euros, el 64% (39.739.183 euros) han sido aportados por España. EEUU ha contribuido con el 36%, 16.840.726 euros en dinero “y el resto en maquinaria de última generación para la Junta de Energía Nuclear”.

Herrera concluye que es “cada vez más urgente” limpiar las tierras con plutonio que quedan en Palomares para “acabar de una vez con el estigma” que acompaña desde 1966 a la barriada cuevana. “Invertir 31 millones en tres años no puede ser un problema en un país como España, si existe voluntad política”.

Se cargaron los tomates”. – Una de las consecuencias inmediatas del accidente nuclear de Palomares fue “cargarse la producción de tomates muchamiel”. Era la mayor fuente de ingresos de los palomareños. Su dulzor y ser recolectados en meses donde no se cultivaba ninguna otra variedad en otros lugares, les confería un gran valor.

Pero para evitar la posible inhalación de polvo y, por tanto, de plutonio, por los soldados dedicados a la descontaminación, los terrenos eran constantemente regados. El abuso de los pozos provocó que el nivel de sal en el agua pasará de 3 a 10 gramos por litro, del todo inutilizable para el cultivo de las tomateras. La crisis fue tremenda y provocó un ingente éxodo de emigrantes.

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