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CLEMENTE FLORES

Garrucha y Carboneras: historia de dos chimeneas

Es muy difícil en Garrucha entender que alguien, sin dotación presupuestaria, haga fijos más de setenta trabajadores. En Carboneras los concejales han formado cuatro gobiernos municipales con un promedio aproximado de uno cada cuatro meses

HE LEÍDO CON atención el último número de ACTUALIDAD ALMANZORA correspondiente a diciembre. Me ha hecho pensar. Va cayendo un año tras otro y hemos consumido un cuarto del siglo XXI mientras vamos comprobando cómo los mejores proyectos de la comarca se van convirtiendo en ruinas históricas antes de ponerse en pie. Tengo la sensación de que la Administración nos trata como a niños a los que pone delante un caramelo que le vuelven a esconder tras comenzar a salivarle la boca. En el Levante Almeriense, conforme va pasando el tiempo, la realización o construcción de grandes proyectos se va alargando, convirtiéndose en pura palabrería, y nos hemos acostumbrado a escuchar la eterna cantinela de que se asignan nuevas sumas de dinero para poder concluirlos.

Podemos hablar del AVE y poco tiempo después, cuando está parada la construcción, cada pocos años, nos dicen que se ha adjudicado el proyecto de la estación de Vera. Si hablamos de la ‘desaladora de la vergüenza’, cuyo presupuesto inicial está más que duplicado, nadie se atreve a poner un plazo de finalización fiable y nadie ha asumido ni ha exigido responsabilidades por los errores cometidos. Hoy hablamos de la puesta en valor del patrimonio histórico cuando lleva más de un siglo esquilmándose y destruyéndose y del que es un buen ejemplo Mojácar, en el que se empeñan en excavar una ciudad donde nunca la hubo y no han sido capaces de poner en valor el propio núcleo de la ciudad ibera, donde siempre ha estado situada. Conociendo el ganado y los antecedentes, miedo me da, tras los escandalosos asaltos de los UCOS relacionados con la compra de los votos de Mojácar, que según se ha publicado estaban en la idea de controlar el PGOU (como si algo en Mojácar no lo estuviese) o el anuncio de que se va a intervenir en el Hotel Moresco. Un día escribí sobre el enfado del ministro Sánchez Bella el día de su inauguración contemplando la cagada que “enguarraba” de forma indeleble el perfil del “monte sagrado” de nuestros antepasados. El tiempo pasa, el presente se hace futuro y el futuro se presenta siempre aquí con incertidumbre y nubarrones. El futuro no hay que dejarlo llegar. El futuro hay que pensarlo y trabajarlo con insistencia y sin desmayo. ¿Quién y cómo piensa en el futuro de la comarca? Para pensar en el futuro el último número de ACTUALIDAD ALMANZORA no tiene precio.

Hablemos de Carboneras y Garrucha. Un ejemplo vale más que mil palabras.

Garrucha y Carboneras comparten muchas cosas, como su ubicación-fundación a la orilla del mar y su formación como ciudad solo después de que amainaran los ataques del corso.

Es muy difícil en Garrucha entender que alguien, sin dotación presupuestaria, haga fijos más de setenta trabajadores (por cierto ¿cuántas empresas hay en Garrucha con más de setenta trabajadores fijos continuos?) y el teniente de alcalde Álvaro Ramos teme prevaricar si no lo oficializa. La respuesta, para mí, la da el Sr. Pérez Tornell, secretario del Ayuntamiento: El año que viene, si puedo, solicitaré una excedencia y trataré de permanecer extramuros de una sociedad que cada vez me gusta menos”. ¿Futuro?

¿Puede ese Consejo Consultivo de la Junta valorar quien tiene que entrar, salir y cobrar del Ayuntamiento? ¿Acudimos a los UCOS?

Los concejales de Carboneras, en este mandato, han formado cuatro gobiernos municipales con un promedio aproximado de uno cada cuatro meses. No sabemos si les quedará tiempo para pensar el futuro del municipio después de tanta votación como están necesitando para asegurar “su futuro”.

Hablemos de Chimeneas. El territorio municipal de Garrucha está dominado por la imagen icónica de una antigua chimenea de ladrillo de más de 20 metros de altura.

El Ayuntamiento garruchero realizó un proyecto de restauración y mejora de su entorno para convertirlo en un lugar de peregrinaje y, entre otros gastos, tuvo una subvención de 127.000 euros de la Dirección General de Pesca y Acuicultura de la Consejería de Agricultura. El conjunto está inscrito en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz de bienes del patrimonio industrial. (Boja Nº. 29 de 12 febrero de 2004).

Carboneras tenía una central térmica de carbón con dos grupos de generación y con una tecnología medioambiental vanguardista cuando el gobierno de Pedro Sánchez decidió desmontarla. Entre Cádiz y Cartagena no había, ni hay, otra instalación similar. La instalación contaba con una terminal portuaria utilizada para exportar, entre otras cosas, cemento en los viajes de retorno de los buques que traían carbón. Toda la planta, todo el pueblo y una gran extensión de mar estaban dominadas por una chimenea de hormigón de 200 metros de altura. El día 23 de marzo se produjo un “Evento Histórico” cuando venciendo “un reto técnico” la chimenea fue abatida para siempre. Así se borraba cualquier imagen de la historia de cuatro décadas en que Carboneras produjo energía para media Andalucía y nuestros pueblos pudieron, tras muchos años, instalar motores sin límite. Respecto a la chimenea: ¿alguien planteó una alternativa cero al proyecto de tirarla? “Gratis et amore”, aparte de otras cosas, se ha perdido la posibilidad de montar con muy poco dinero la mejor torre de señales de cualquier municipio español. ¿Cuántos usos y beneficios se podían haber obtenido?

¿Cuánta luz hubiese podido aportar a los ediles carboneros el farero Santa Cruz si le hubiesen consultado? ¿Dónde estaban la Diputación y la Dirección General de Pesca… en el anticipado día de la Semana Santa en que se abatió y sacrificó la majestuosa chimenea? Lector me gustaría explicarte qué entienden nuestros políticos por patrimonio cultural o por mirar al futuro. Francamente no lo sé. ¿Cómo los veo?

A nuestros representantes políticos, cuando menos se les puede acusar de pereza ética e intelectual. A veces creo que no son peores porque son demasiado vagos. Su máxima aspiración consiste en vivir lo mejor posible con el mínimo esfuerzo y no les cuesta demasiado envilecerse y chaquetear con sus superiores si con ello se puede sacar tajada. Ante los problemas, muestran, en general, la fría indiferencia del parásito. En estos tiempos han proliferado, además, los tontos, de los cuales muchos han venido para quedarse. Son los minusválidos mentales de la política al servicio de cualquier idea fútil, peregrina o de moda.

No hay que confundirlos necesariamente con los ignorantes Un ignorante es el que no sabe, pero puede llegar a saber lo que ignora. El tonto metido a político no entiende la información que tiene y con ella suele actuar de forma imprudente y a veces arrogante. Lo peor de sus acciones está en su mentalidad y su actitud. Socialmente, hoy se tiende a admitir que todas las opiniones son igualmente respetables y que tienen la misma validez, con independencia de quién las emita o cómo se razonen. Esta postura la mantienen los que no tienen mucho que aportar intentando poner al mismo nivel su opinión, aunque no tengan el mínimo conocimiento en la materia, que la opinión de un experto. Respetar algunas ideas es condenarse a no avanzar. Hay ideas que son mejores, más útiles y más aprovechables que otras. Para ello está el análisis, el estudio y las valoraciones previas, obligatorias, a la toma de decisiones.

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