“Hoy los zagales aprenden flamenco en YouTube. Nosotros lo vivíamos en las calles”

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Foto: Rodrigo Valero.

Es uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos. Venerado por los mismos artistas que él admira. Aprendió a tocar en las calles de Pescadería. Nunca estudió música. “Para acompañar al cante, no hacía falta”. A él le bastó para compartir grabaciones y escenarios con Camarón, Paco de Lucía, Al di Meola, George Benson, Frank Sinatra, Michel Camilo y una lista infinita de estrellas de la música. Y así hasta para ganar un Grammy. Sin embargo, hoy recomienda estudiar a los jóvenes. Tomatito es muy grande, y no sólo como músico. Pasen y lean


ENTREVISTA A JOSÉ FERNÁNDEZ TORRES ‘TOMATITO’/ GUITARRISTA

“Paco de Lucía ha sido el guitarrista más grande que nunca ha existido. Por su culpa hemos sido tan curiosos todos los que hemos venido después”

“Camarón habría convertido ‘Mi carro’ en una obra de arte. Nadie modulaba la voz como él. Podía empezar con un tono y salir por otro sin despeinarse”

“George Benson me pidió mi opinión sobre un solo de guitarra que estaba haciendo ¡Y qué iba a decirle yo si a mí me gustaba escucharle hasta afinando!”

“Estuve con Frank Sinatra en su camerino. Me pidió que tocara la guitarra. Me miraba y escuchaba mientras me decía cositas de muy buen rollo”

– Repasar su biografía y recordar la gente con que ha tocado es encontrarse de frente con la Historia de la música reciente. Por ejemplo, conoció a Al di Meola.

– ¡Claro! Le conocí cuando iba con Paco [de Lucía].

– ¿Y a John McLaughlin?

– También. Íbamos a verlo siempre que actuaba cerca.

– ¿Cómo le llaman a usted por ahí fuera? ¿Mr. Tomatito, tal vez?

– Eso suena bien.

– Usted ha embelesado a guitarristas como Mark Knopfler, Eric Clapton y hasta al mismísimo B.B. King. Eso da la nota exacta de quién es usted.

– Me has asustado dándome esos nombres, porque de todos ellos he aprendido algo. Yo vengo del flamenco, de la familia de los Tomates. Mi tío era el Niño Miguel, un genio de la guitarra. Pero siempre he sido muy curioso. Me he criado con Camarón y Paco de Lucía, dos revolucionarios. Muy puros. Vinieron de abajo, con buenos cimientos flamencos, pero eran extraordinariamente curiosos. Yo era muy jovencito cuando iba con Camarón en el coche, y él siempre ponía otras músicas. No sólo escuchaba flamenco.

– ¿Qué ponía Camarón en el coche?

– Tenía unos gustos muy abiertos, pero sentía una especial predilección por la música turca. Le fascinaban los melismas que usan esos cantantes. “Mira qué bonito es esto, José”, me decía, mientras yo, que era muy joven entonces, me preguntaba cómo era posible que escuchara esas cosas. También le encantaban los boleros. Estamos hablando de principios de los años setenta. Era muy curioso. Igual que Paco, que ha tocado con Chick Corea, John McLaughlin, Al di Meola… Ha unido su guitarra a todos los más grandes ¡Hasta hizo algo con Plácido Domingo! Ha sido el guitarrista más grande que nunca ha existido. Por su culpa hemos sido tan curiosos todos los que hemos venido después.

– ¿Es verdad que Lucía se codeaba con Dylan y The Beatles?

– Claro. Con todos.

– ¿Paco y Camarón eran de la misma generación?

– Más o menos. Camarón era de 1950 y Paco del 47. Recuerdo cuando estrenamos ‘La leyenda del tiempo’. Fue en julio de 1979, en la Monumental de Barcelona. Compartíamos cartel con la Weather Report. Mientras los escuchaba, el Camarón no paraba de decir “no veas cómo tocan estos”.

– ‘La leyenda del tiempo’ ha pasado a la Historia como uno de los mejores discos de todos los tiempos, pero a usted le parecía demasiado ‘jipilón’.

– Es verdad. A mí me parecía muy feo entonces. El oído es sabio. Algo tan raro y estrambótico, lo normal es que no le guste ni al que lo inventó. Sin embargo, tengo que reconocer que es un disco muy bonito, aunque no sé si también lo sería de haberlo cantado otro. Camarón habría convertido ‘Mi carro’ en una obra de arte. Nadie modulaba la voz como él. Paco, que venía de tocar por toda Europa, América y hasta Japón, decía que nunca había visto un músico mejor y más listo que Camarón ni con mejor oído. Era capaz de empezar con un tono y salir por otro sin despeinarse.

– Camarón y usted no sabían leer una partitura, ¿Paco de Lucía sí?

– Tampoco. Ninguno. Los tres aprendimos en la calle. En nuestra época era posible, y para el flamenco estaba bien. Entonces vivíamos todos los primos en las calles. Nos pasábamos el día tirados tocando la guitarra, bailando y cantando. En todos los pueblos y ciudades de Andalucía ha habido siempre un barrio en el que vivían los gitanos y los payos flamencos. Hoy, los zagales aprenden flamenco viendo vídeos en youtube sobre cómo tocaba Sabicas, Vicente Amigo o el Habichuela. Yo, ahora, les digo a los jóvenes que estudien música. Para tocar el Concierto de Aranjuez con la Orquesta de Madrid tuve que traer un guitarrista clásico a mi casa para que me fuera leyendo la obra nota por nota, y resulta muy complicado.

– ¿Habría llegado más lejos de haber estudiado música?

– No creo. En mi época no hacía falta. Tocábamos para el cante. Nada más. De hecho, yo creí que mi carrera había acabado cuando murió Camarón. Después me hice solista y parece que la gente se lo pasa bien en mis conciertos.

–  De todos los grandes, ¿de quién le ha sorprendido que se le cayera la baba escuchando la guitarra de Tomatito?

– Por ejemplo, de George Benson. Era mi ídolo. Me conquistó ya desde pequeñillo con su música y ese swing que desprende. Lo conocí en Nueva York. Fui a grabar un disco, ‘El paseo de los castaños’, y me invitó a su casa.

– ¿Ha estado usted en casa de Benson?

– Sí, en Nueva Jersey. Allí tiene su estudio. Es una preciosidad. Yo estaba con los ojos redondos viendo la colección de coches antiguos que tenía. No te puedes imaginar el cariño con que me trataba. Me pedía mi opinión sobre un solo de guitarra que estaba haciendo para incluirlo en una rumba del disco. Me lo tocó tres o cuatro veces para saber mi opinión ¡Y qué iba a decirle si a mí me gustaba hasta afinando! Lo pasé bomba. George tenía a Paco en los altares. Cuando escuchaba su nombre siempre soltaba “¡Oh! ¡Paco, rey!”. Para él, los flamencos éramos algo extraordinario.

– Benson ha hecho cosas extraordinarias con Tommi Li Puma y Quincy Jones, ¿ha llegado usted a hacer algo con Jones?  

– Sí, en Montreux. Yo era un niño. Iba con Camarón. Todavía recuerdo la voz que nos presentó, con acento francés: “Y a la guitarra, Tomatito”. Está en youtube ese concierto.

– ¿Llegó a conocer a Tommy Li Puma? Fue productor, entre otros, de George Benson.

– No le conocí por muy pocos días. Él grabó ‘Salinas’, un disco de Luis Salinas, un tío muy raro que para mí es como un hermano. Yo siempre le insisto a Luis que tiene que venir a Europa, pero no me hace caso ¡Y eso que me enfado! Estuve con él en los prolegómenos del disco, pero Tommy llegó después de que yo me fuera.

– Li Puma es tal vez el productor más elegante que jamás ha existido.

– Sabía extraer la parte natural del músico. No buscaba ningún artificio.

– Respetaba mucho al artista, a diferencia de otros que no pierden oportunidad para dejar su impronta.

– Son cosas y diferentes maneras de hacer. Me estoy dando cuenta de que tú has leído mucho.

– Pero usted lo ha vivido. Ha estado ahí.

– Uno sabe de cualquier asunto cuando le interesa. Entonces investiga y lee. De esa manera se llega a conocer mucho más que otros que van a los sitios y ni se enteran. Están en medio de la pomada, pero acaban sin saber de la misa la mitad. Y es una lástima.

– ¿Con quién ha tocado en una velada inolvidable compartiendo una botella de vino o un cubata?

– Siempre estamos liados de alguna manera. Vienen a mi casa y salen cosas. Me encantaba el ambiente que se creaba cuando estaba en casa de Paco de Lucía o Camarón y llegaba Pepe Habichuela. Paco me llevó a ver al maestro Sabicas. Cerró un bar y nos juntamos siete u ocho guitarristas de lo mejor que había entonces.

– Compartió escenario con Sinatra, ¿llegó a cruzar alguna palabra con él?

– Sí. En su camerino. Cogió un cigarrito y me pidió que tocara la guitarra. Me dijo que sintió mucho la muerte de Camarón. Me miraba y escuchaba mientras me decía cositas de muy buen rollo.

– Usted toca con frecuencia en Cataluña, ¿qué tal las cosas por allí?

– Estuve hace poco en Barcelona y me trataron de maravilla. En noviembre vuelvo para presentar ‘Viviré’. Es verdad que creía que podía tener problemas por cosas de política, sin embargo, llené dos noches seguidas el Palau. La música puede más que lo otro.

– Entre todos los reconocimientos que ha recibido, que no son pocos, ha llegado a ganar un Grammy, que es lo máximo en el oficio de un músico, ¿qué recuerdos tiene de ese premio?

– Fue por ‘Spain’, compuesta por Chick Corea. Me emociona mucho porque ese disco tiene una historia detrás que resume un poco mi actitud ante la música. Me llamaron para tocar en el Festival de Jazz de Madrid, en 1986. Me dijeron que tenía que hacer algo con la banda de Ray Barretto. Ellos no querían ensayar. Me dijeron “luego tocamos ‘Spain’ y ya está”. Yo no conocía esa canción. Paco me dijo “no has tocado ‘Spain’, tío”. Yo me moría de vergüenza. Después teníamos el mismo panorama en Barcelona, así que me encerré en la habitación del hotel y me tiré dos días enteros escuchando y tocando el tema hasta aprendérmelo. Lo toqué con Michel Camilo en Barcelona, y debió gustarle cómo lo hice, porque me pidió grabarla. Me preguntó qué me parecía irnos a Japón de gira y grabarla cuando volviéramos. Así lo hicimos. Y nos dieron el Grammy.

“El día en que me lo crea la habré cagado”

– Hablando con usted se siente al Tomatito humilde, pero, ¿dónde está el personaje, la estrella mundial de la guitarra?

– Ni tú ni yo nos damos cuenta de eso. Tú me lo dices y me alegra. La gente me dedica palabras bonitas, y está bien. Pero el día en que me lo crea la habré cagado, porque dejaré de aprender.

– No obstante, tiene que haber algún momento en que sea consciente de lo bueno que es con la guitarra.

– El día que le dije a mi padre que no quería ir la escuela para dedicarme a la guitarra, me miró y sólo me dijo “pero tienes que ser de los buenos, no el mejor de los malos”. Hasta que no conocí el éxito no supe lo que me quiso decir. En cualquier caso, él, que también era músico, ya me habría visto maneras, porque, si no, no creo que me hubiera permitido abandonar la escuela y llevado a Málaga para emprender mi carrera tan chiquitillo. El mejor de los malos no deja de ser otro malo, por más que los que son peores no cesen en decirle que es un fenómeno y un monstruo. En la vida, en todas las facetas, hay que ser uno de los buenos. No el mejor. Eso no se lo pido yo a mi hijo.

– ¿Cuál es el sitio en que más a gusto se ha sentido?

– Yo me he encontrado bien en todos sitios siempre. Noto que la gente me quiere. Me tienen por un tío serio, y son muy simpáticos conmigo.

– ¿Se siente agradecido con la vida?

– Sí. En la vida puede haber algo de mala suerte, pero la inmensa mayoría de las cosas que nos pasan, para bien o para mal, son culpa nuestra.

– ¿La vida nos pone siempre en nuestro sitio?

– No siempre, pero el 90% de las veces, sí. Para el otro 10% estamos los demás, para ayudar y echar una mano si es menester a quien, siendo buena persona y gran artista, no termina de despegar.

– ¿El esfuerzo evita el fracaso? – Se llega mucho más lejos por el trabajo y el esfuerzo que por la capacidad. Si quieres algo, tienes que preocuparte para conseguirlo. Pero si la gente te dice que eres un fenómeno y tú te lo crees, entonces

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