“Los caciques de hoy son los políticos”
JUAN TORRIJOS/

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La plena libertad no existe ni para el periodista ni para nadie. Ya saben aquello de «yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo». Sin embargo habrá siempre profesionales dispuestos a jugarse algo por contar la verdad o aquello que honestamente más se acerque a ella.
Torrijos, veterano entre los veteranos, es una figura resaltada del periodismo contemporáneo de Almería. Cuenta, detalla y señala lo que no cae bien entre los poderosos. Así durante medio siglo.
Jubilado y sin ataduras dice lo que todos sabemos y casi nadie del gremio reconocemos: “En Almería son las subvenciones públicas las que mantienen a los medios”. Verdad verdadera, si se nos permite el pleonasmo.

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“Los caciques de hoy son los políticos”

Torrijos se expresa con potencia, con fuerza. Es su naturaleza. Dice que “a los poderosos” hay que darles “con la espuela” porque “se lo merecen”. Atento a las señales que orientan hoy al periodismo, no duda en apuntar al preocupante vasallaje de los medios: “Cuando se supedita todo al factor económico, es preciso tapar bocas”. Ahora, la suya ha vuelto a abrirse en RADIO ACTUALIDAD, donde este periodista inquieto que llena las horas libres de su jubilación escribiendo novelas, ha iniciado una colaboración semanal

ENTREVISTA

“El periodista está obligado a mojarse. Si no, ¿qué puñetas hacemos? ¿ser meros transmisores de las notas que nos mandan los partidos?”

“Cuando Franco visitó Almería, colgaban de los árboles pancartas con la leyenda ¡Más agua! 70 años después, seguimos reclamando lo mismo”

“Ninguna cabecera saldría hoy a la calle sin subvenciones. Por eso no se pueden escribir ciertas cosas del alcalde o de empresas como Cajamar”

“La radio es el único núcleo de resistencia que cuenta la verdad. No la televisión. Y mucho menos la prensa escrita. Por eso debe ser más agresiva”

– ¿Cómo se consigue escribir cada semana la columna más leída en un periódico como La Voz de Almería durante cuatro décadas?

– He de decir que ya no lo hago. Con la llegada de la pandemia –yo ya estaba jubilado-, La Voz de Almería decidió hacer algunos cambios. Había que modificar la política editorial, me dijeron. Y prescindió de Pepe Fernández, Antonio Felipe Rubio y algunos más, entre ellos de mí. Desde entonces, el tiempo libre lo empleo en escribir novelas. Pero es cierto que fueron cuarenta años durante los que me dedicaba simplemente a contar lo que veía.

– Mojándose, que es algo no demasiado habitual en Almería.

– Es que el periodista está obligado a mojarse. De no ser así, ¿qué puñetas hacemos? ¿ser meros transmisores de las notas que nos mandan los partidos y gabinetes de prensa? Pero, claro, cuando el medio lo supedita todo al factor económico, le resulta preciso tapar algunas bocas en la redacción.

– En ese contexto al comunicador no le queda otra que buscar la complicidad del lector o del oyente.

– Normalmente existe una comunión entre quien habla y quien escucha. Si el oyente no está de acuerdo con lo que expresa una emisora de radio, cambia de dial. Si se queda es porque hay complicidad con la persona que está contando las verdades que ocurren en su pueblo, provincia o país. Lo mismo ocurre con la prensa escrita. Hay periódicos para elegir. De ahí esa comunión que, si no es perfecta, le falta muy poco.

– Eso lo dice alguien que ¿cuánto tiempo ha pasado ante un micrófono?

– He estado muchos años de mi vida en ese medio. En Radio Popular, Radio Miramar, Antena3, Radio Nacional… ¡50 años de radio! Hacía un programa de cuatro horas cada mañana. Desde las nueve hasta las una de la tarde.

– ¿Cuatro horas cada mañana con el mismo espíritu crítico de sus columnas?

– Al principio sí. Usaba lo que hacía en la radio para después escribir mi columna en La Voz. Nunca faltan temas. Además, siempre existen asuntos recurrentes a los que dedicar unas líneas. Recuerdo que, cuando Franco visitó Almería, colgaban de los árboles pancartas con la leyenda ¡Más agua! 70 años después, seguimos reclamando lo mismo. No tenemos que buscar artilugios.

– ¿Qué le han aportado tantos años de periodismo?

– Libertad. Uno se ha aposentado, han desaparecido muchos problemas, tienes la vida estable… Es cierto que Radio Nacional me la aseguró, lo que me permitía ser más libre en otros medios escritos con los que he colaborado, sobre todo porque no vivía de ellos. Y, con la jubilación, esa libertad con la que siempre me he conducido se ha convertido en libertinaje. Si me publicaban, bien, y, si no, me daba igual. Recuerdo las veces que, tras enviar un artículo, me decían: “no le gusta al director, mándame otro”.

– ¿No le gusta al director?

– Eso es normal. Igual te metes con alguien y no resulta oportuno en ese momento para el medio. En todos existen asuntos que son tabú, y donde yo escribía, también.

– ¿Escucha o lee críticas a los primeros espadas de la política provincial?

– Ninguna. En Almería son las subvenciones las que mantienen a los medios.

– Es que la prensa está muy tocada, y caer en la tentación es fácil.

– Se dijo que la crisis y la llegada de internet fastidiaría a la prensa escrita, y está ocurriendo. De no ser por las subvenciones, ninguna cabecera saldría hoy a la calle. Por eso no se pueden escribir ciertas cosas del alcalde o el preboste de turno. Ni de empresas como Cajamar.

– ¡Qué nos va a contar! Este medio destapó un escándalo millonario en Cajamar. Fuimos los únicos en publicarlo.

– Lo sé. Es triste decirlo, sin embargo, en un caso así no te va a seguir nadie. Todos se enteran, pero nadie te acompaña.

– Vaya panorama…

– No obstante, yo tengo esperanza en la radio. Se trata de un medio que no desapareció con la llegada de la televisión, como muchos pronosticaron. Fundamentalmente porque es barato. Se puede hacer radio con tres o cuatro personas y un micro. Sólo con eso se convierte en un altavoz descomunal. Es mucho más fácil y económico. Está siendo el único núcleo de resistencia que cuenta la verdad. No la televisión. Y mucho menos la prensa escrita. Por eso debe ser más agresiva.

– ¿El periodista puede permitirse, entonces, ser agresivo en la radio?

– Se dice que al poderoso hay que darle con la espuela. Los caciques continúan existiendo como hace doscientos años. Hoy son los políticos. Nos suben el precio de la luz, pero a ellos les importa un comino. No les tiembla el pulso a la hora de firmar cientos de millones en subvenciones a los sindicatos sin tener en cuenta que en este país hay un número indecente de parados. Pactan los Presupuestos Generales del Estado gracias a las concesiones que hacen a los independentistas catalanes o a Bildu, que, a fin de cuentas, es ETA. Hay que darles con la espuela sin que nos duela. Es justo. Se lo merecen.

– Y, ¿cómo es posible que personas buenas y razonables que conocemos aquí apoyen todo eso por fidelidad a unas siglas?

– A esas personas es preciso pedirles que evolucionen. No se puede pensar lo mismo durante 70 años. Los ciudadanos deben votar con la razón, no con el corazón. Yo he votado a casi todos los partidos. A algunos no he podido porque han estado haciendo el indio desde el minuto uno. Yo no estaba de acuerdo con el bipartidismo y, si había que votar a Podemos, pues se vota a Podemos. Después ves el camino que tomaron y los tachas. También apoyé a Ciudadanos, hasta que me di cuenta de que Albert Rivera no era el chico que salió desnudo a la arena política. Hay que cambiar.

– Sin embargo, alimenta la desesperanza que los diez representantes que la provincia tiene en Madrid no se pongan nunca de acuerdo para defender los intereses de Almería.

– No lo van a hacer porque se quedarían sin trabajo. No se han puesto de acuerdo ni tan siquiera en algo tan importante para la provincia como es el agua. Todos votaron a favor del trasvase del Ebro. Después, Zapatero lo derogó sin que ningún diputado o senador socialista levantara la voz. Rajoy prometió ponerlo en marcha en cuanto fuera presidente. No obstante, cuando llegó a serlo, ¡y con mayoría absoluta!, se olvidó por completo. Tampoco se lo recordaron desde el PP de Almería. Son unos impresentables. Ha pasado el tiempo y los tenemos enfrascados en debates sobre Franco y la Guerra Civil mientras aquí seguimos necesitando agua y comunicaciones en condiciones, porque la gente vive de su trabajo, no del pasado. 

– La triste conclusión es que la culpa es nuestra por votar una y otra vez a partidos y diputados que, como usted apunta, no se ponen de acuerdo ni en los asuntos más básicos.

– Y no lo harán. En los temas más importantes para Almería, como lo concerniente a las comunicaciones y el agua, no tenía que haber discusión alguna. El agua es fundamental, ¿qué va a ser de nosotros sin ella? Y, es verdad, ¿para qué votamos, entonces a nuestros diputados, senadores y parlamentarios?

– ¿Quizás porque su discurso es completamente contrario a lo que después hacen o no hacen?

– Es verdad. Les falta pudor ¿Alguien entiende que el alcalde de Almería sea portavoz del PP andaluz? ¿A qué se va a dedicar? ¿Qué va a hacer por la ciudad mientras presta atención a los asuntos de su partido en Andalucía? Se trata de dos cargos que requieren una importante dedicación ¿Va a llevar adelante ambos con suficiente eficacia? Lo dudo.

– ¿Cosas de la ambición?

– Recuerdo a Eugenio Gonzálvez, el que fuera alcalde de Gádor. Llegó a simultanear el Ayuntamiento con la presidencia de la Mancomunidad y un puesto en el Senado. Tres cargos. ¡Y aseguraba que podía con todos! Lo que pasa es que Ramón Fernández-Pacheco está cansado del Ayuntamiento de Almería y busca una salida. Se queja de que la gente protesta sus decisiones. Pero es que no ha dejado de hacer barbaridades en el Gobierno de la ciudad y, sobre todo, en el Casco Histórico, de donde está echando a los vecinos. Allí sólo se ven carteles de ‘se vende’ o ‘se alquila’. ¡Está vendiendo o alquilando Almería!

– Espero que, al menos, los aludidos encajen la crítica.

– ¡Y a mí qué más me da! Pero cógete al PSOE. El nombramiento de Juan Antonio Lorenzo como secretario provincial ha sido todo un espectáculo. La hija de Martirio Tesoro -Sonia Ferrer Tesoro, que también optaba a liderar el PSOE- ni siquiera saludó al vencedor, como marca el más elemental protocolo. En el partido dicen que no hay división y que están más unidos que nunca, pero la realidad es que se están matando.

– Los trapos sucios se lavan en casa.

– Volviendo a la elección del secretario provincial del PSOE, esa votación ha dejado un cadáver político en Almería. El gran derrotado fue, en realidad, Fernando Martínez, el director general de Memoria democrática. Es el hombre de Pedro Sánchez en Almería. El que puso como candidato a Indalecio Gutiérrez, y a quien el 8% obtenido por Sonia le fastidió la fiesta. Por otra parte, Sánchez no debe estar muy contento con Espadas, el nuevo secretario general de los socialistas andaluces que ha dejado caer a los fieles al presidente del Gobierno de España en nuestra provincia. Juan Antonio Lorenzo ha vencido gracias al bloque contrario a la agrupación de la capital, que siempre ha sido el resto de Almería.

“Hemos engañado siempre a las mujeres”

Torrijos acaba de publicar su segunda novela, ‘La fuerza de la derrota’ (Círculo Rojo, Almería, 2021), un drama muy humano, en el que una triunfadora se ve al borde del abismo tras un accidente. Sin embargo, saca fuerzas de esa situación hasta conseguir vencerla.

“La vida se compone de seres humanos que necesitan amor y compañía –sostiene el autor-. La fuerza descrita es una mujer y su trauma. Intenta salir adelante y busca soluciones. En la que escribo ahora, la protagonista es otra mujer. A lo largo de la Historia les hemos hecho muy poco caso y las hemos engañado siempre. Es necesario reivindicar su papel y los sacrificios que han realizado. Deberíamos tenerlos muy presentes, porque todos hemos visto a nuestras madres y lo que han hecho por nosotros. Creo que merecen un esfuerzo”.

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