Perro muerto
JOSÉ ANTONIO FLORES/

Querido Paco, has recibido tantos abrazos estos días que no sé si notarás el mío; el profundo que deseo mandarte a la manera antigua, cuando dos que se querían y no coincidían usaban y cultivaban la escritura. Una carta pública, en suma, porque tu figura ha alcanzado tan extraordinaria dimensión que merece una dedicatoria sentida, rotunda y visible.

Como no pude estar el día en que el Rey te distinguió con ese máximo Premio Reino de España, tengo que recurrir necesariamente a las fuentes, que son los amigos comunes y las crónicas de prensa, para saber que la Almería allí presente en el Auditorio Maestro Padilla, se levantó unísona y espontánea para aclamarte durante minutos que debieron parecerte maravillosamente eternos.

Pienso que es difícil evaluar en ese momento de resonada ovación el conjunto de acciones que componen una vida y conducen a los más intensos reconocimientos. Pero para apreciar lo dulce es necesario probar lo amargo en sus más variadas intensidades.

Dices siempre que esas vivencias tristes, oscuras y solitarias son tan dolorosas como estimulantes. De ello te enteras después, cuando la tormenta ha pasado. Hasta que llega el renacimiento se vive en la incertidumbre y el miedo acecha.

Llegar a definir el producto y conseguir implantarlo en más de cien países es una empresa titánica que sólo emprenden y alcanzan los que entre todos nosotros son superiores. El mundo clásico les llamaba primus inter pares, el primero entre sus iguales, y tan elevada condición era concedida al mejor de entre los mejores.

Hasta aquel día de 1997 en que me dijiste “Jose, cuento contigo y te necesito” para la ejecutiva de la Cámara de Comercio, nuestra relación se había limitado a corteses saludos no más allá de hola y adiós en los órganos de representación del empresariado almeriense.

Yo acababa de llegar a Asempal absorbido por una espiral de afanes: quería que el tejido productivo del Levante almeriense tuviera voz en la provincia, y nuestro común Miguel Santaella, entonces presidente de la Asociación, me abrió la puerta. Santaella y tú ibais siempre juntos. Bromeabas con que se os conocía como “la pareja de la Guardia Civil”.

Decía que llegué a Asempal después de unos años de intensa dedicación a reunir y defender los intereses de los empresarios de Vera, Cuevas del Almanzora, Antas, Pulpí, Huércal Overa, Garrucha… constituyéndonos en una agrupación decidida a influir positivamente en los destinos de la comarca.

La distancia larga entre nosotros pasó entonces a ser cercana, y te conocí de verdad. Ilusionados, nos propusimos mantener la Cámara políticamente neutral, pero decididamente parcial a la hora defender ambiciosas inversiones para Almería. Quedó así constituida la Mesa de las Infraestructuras clamando a Sevilla y Madrid gas, AVE, agua y mejores comunicaciones por carretera.

Aún reconociendo que no con todo se pudo, no deja de ser cierto que buena parte de lo que hoy tenemos es resultado de aquello. Contigo al frente se peleó por lo nuestro.

Luego tuviste la generosidad de apoyar la candidatura que yo encabezaba para sustituirte. Y tengo que decirte que cada día de mis mandatos pude contar con tu colaboración, y también que, aunque tras cuatro años de impagable entrega dejaste voluntariamente la primera línea, jamás borraste de tus prioridades seguir empujándonos.

Es fácil deducir que mientras pensabas en Almería y en las almas que la pueblan, hacías frente a los grandes esfuerzos de convertir a Cosentino en una empresa global. Admiro esa capacidad tuya, Paco, y creo que puedo valorarla bien, como la de tantos otros que en Almería han sido creadores y generadores de fortuna compartida con los que les rodean.

Algo así sólo puede surgir de gentes desprendidas. De personas que han encontrado el equilibrio entre pensar en sí mismos y amar a los demás.

Eduardo ‘el viejo’, tu padre, y Eduardica, tu madre, te educaron bien, os educaron bien a los tres hermanos. Imaginaba antes lo que podía estar pasando por tu mente durante los infinitos minutos en que los aplausos de tus paisanos expresaban gracias y reconocimiento. Y puedo también imaginar que, quizá, nada tan consolador y apreciado como haber visto a tus mayores sentados en la primera fila de las butacas. Orgullosos del hijo, el mejor premio para ellos.

Tu ejemplar modestia no creo que impida apreciar el mérito de arrancar en Macael, tierra madre para ti. Andabas escaso de monedas, con apenas veinte años. Arremangado comenzaste a proyectar un futuro que se inició con un conjunto de poderosas derrotas. Lo sabemos porque tú te encargas de recordarlo siempre. Creo que lo haces para que los jóvenes sepan que en la vida se puede estar arriba o abajo, pero, si prestas un poco de atención, ni lo uno ni lo otro será en balde. Que en el fracaso se abren puertas si uno es de conducta recta; que del fracaso mana sabiduría impagable para ir luego gastando el resto del largo camino; y que el éxito es más disfrutado si llega como resultado del esfuerzo, y es también mejor digerido si se es consciente de las escaseces propias y del valor de quienes te han acompañado en calidad de compañeros.

Perro Muerto se llamó la primera cantera que compraste hace más de cuarenta años. Vaya nombre poco inspirador. Denominación que en boca de una adivinadora podría convertirse en augurio de malaventura. Sin embargo, aquel perro no estaba acabado, sino malherido. Con cariño y otras atenciones ‘el animal’ se recompuso y acabó convertido en lanzadera. Y siendo animal y perro te dio lo mejor de sus entrañas. Y lo recibido se tornó en Silestone. Y en Dekton. Y en 1.200 millones de facturación. Y en cinco mil trabajadores. Y en pan y bienestar para miles de familias. Y en más empresas en la zona. Y en gloria para Almería. Es ejemplo nítido de lo que es posible en la Almería más rural. ¿Sabes que esto es impagable, Paco?

Gracias por tanto.

Un abrazo de tu amigo “Jose”. *Expresidente de la Cámara de Comercio de Almería

JOSÉ ANTONIO FLORES RUBIO

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