Viaje al País de los Sueños

Debo reconocer que vine al mundo un día complicado, el 31 de diciembre. Mi madre, que era muy comprensiva, jamás me lo reprochó. Nochevieja en un pueblo de Andalucía y será por ello que sueño con relativa frecuencia tratando, tal vez, de reencontrar un mundo perdido que apenas se reconoce. Es propio de cada generación retener en la memoria los paisajes de su infancia y juventud, y la Navidad es la estampa más colorida y entrañable que se pueda recordar. Eran las fechas del reencuentro con abrazos y buenos propósitos. Durante muchos años un anuncio en televisión recogía de manera sencilla estos sentimientos. Parece que lo veo. A la puerta de una casa de cualquier pueblo de España, con los padres sonriendo y un joven llegando con los brazos abiertos, una voz en off decía: “Hoy es Noche Buena y mañana Navidad, vuelve a casa, vuelve por Navidad”. Podría decirse que se apagaban las rencillas para encender en el alma una ilusión nueva entre el chocar de vasos de sidra el Gaitero, anís del Mono o coñac Fundador. La familia en una mesa de camilla con estufa de butano y los villancicos espontáneos rasgando con una cucharilla la botella de anís ya vacía. Huele a leña y a horno allá en el pueblo. El ambiente navideño empapa calles y plazas de este cansado país. Se acerca una Navidad desvaída cercada por el maldito virus y negada por quienes desde las altas instancias intencionadamente sólo Felicitan las Fiestas. Me apena imaginar sus navidades negras como el carbón. Para muchos que no anidaron rencores quedan los sueños y recuerdos que evocan otras navidades de turrón y panderetas con el alegre sonido del almirez y villancicos por las calles del pueblo.

Evocando estos recuerdos, anoche tuve un apacible sueño navideño. Soñé con el argentino Padre Jorge esforzándose por equilibrar sensibilidades, y con hondo sentido cristiano, peregrinaba a las fosas de Paracuellos del Jarama. Allí, encendiendo un cirio y remangándose la bata blanca, oraba por los inocentes sepultados una fría mañana de noviembre. Soñé con sonrisa sarcástica que Yolanda Díaz, mantilla negra y peineta, desgranaba las cuentas de un rosario postrada de hinojos ante la imagen de la Purísima Concepción en la capilla de las Hijas de María. Tal vez soñé, o puede que fuera real, ver a Pedro Sánchez departiendo amablemente con los dirigentes del centro derecha y reconociendo, como gesto de humildad, el valor supremo de la verdad, prometiendo a San Bernabé que jamás mentiría en el desempeño de su cargo. Como prueba de su nueva etapa, mano tendida a todos los grupos políticos de la oposición para avanzar en el bienestar de los ciudadanos. Vislumbré al alcalde de Vigo sin la sonrisa impostada de rumiante satisfecho, entristecido por la penuria energética de millones de españoles que no podrán encender una estufa estas navidades -y apenas una bombilla-, debido al precio de la luz, en contraste con la fastuosidad deslumbrante de su árbol de Navidad adornado con más de un millón de bombillas. Como prueba de solidaridad con la pobreza, ha dispuesto eliminar de ese árbol 500.000 bombillas.

Desperté y quedé acurrucado entre las mantas sonriendo por la relajación de estos sueños. Semi despierto imaginé a Pablo Casado celebrando con Isabel Díaz Ayuso las expectativas de voto a su partido, según señalan las encuestas en claro ascenso desde el triunfo electoral en la Comunidad de Madrid. A García Egea, radiante y amistoso, que ya no competía en el lanzamiento de huesos de aceituna y se entregaba a la “Pax Populis” dentro del PP invitando al cine y a palomitas a Isabel Díaz Ayuso en total fraternidad y alegría navideña. Entre sombras y sonrisas vi al Defensor del Pueblo recuperado de su derrota en Madrid, ahora sin balbuceos frailunos ni cobardía adiposa, defendiendo al pueblo llano representado, esta vez, por un niño catalán de cinco años hostigado, acosado y aislado en su colegio, en un apartheid anegado de odio racista y supremacista. Creo que vi sonreír a Marlasca con gomina grasienta en el flequillo cuando abrazaba afectuoso al coronel Pérez de los Cobos en gesto de reconocimiento a su integridad moral inquebrantable en el deber de subordinación a la Ley por encima de cualquier mandamiento político, y por ello promoviendo su ascenso merecido al generalato. Y, finalmente, entre las brumas del sueño, vi a Irene Montero, ministra por la cuota comunista, abrazada al niño de Canet de Mar consolándole por su tristeza y desolación al descubrir a los cinco años la maldad intrínseca de unos adultos fanatizados que le hostigan, le acosan, le señalan y amenazan. Y ejerciendo de ministra de Igualdad garantizando a sus padres y al niño la protección del Estado en defensa de la Igualdad como ciudadanos españoles que reclaman sus derechos en Cataluña. Enlazando con lo anterior, en el sueño aparecía el ministro Alberto Garzón, y como regalo de Navidad le ofreció al niño una muñeca Barbi vestida de bombero. Fue un sueño y un despertar que me alejaron de tantas tristezas y desengaños. Ya totalmente despierto me entero que la investigación abierta en un país europeo a un Monarca nada ejemplar, ha sido archivada y por ello podría volver a España. Sería muy deseable que antes, como gesto de reconducción, devolviera hasta el último euro al erario público y pudiera llevar una vida apacible alejado de lechos ajenos. La mayoría de los españoles se alegrarían de que la normalidad institucional y personal sea el signo de los años venideros y que este Monarca Emérito acabara sus días en la proximidad de su familia. Fue un relajante viaje al País de los Sueños.

Con la edad a cuestas queda el regusto de la añoranza de otras navidades cuando no éramos tan opulentos, pero sabíamos ser felices compartiendo la alegría y las rosquillas y polvorones caseros. La sociedad actual ha ganado en calidad de vida, en bienes y servicios, pero es posible que haya perdido la antigua sabiduría popular arraigada en el corazón de un pueblo que conocía el valor de lo sencillo y ahora afronta las complicaciones de la sofisticación. Algunos piensan que se trata de un mundo antiguo que navega ya hacia otro mundo distinto e inexplorado.

Pero ya hemos vivido la Navidad y nos queda el Ano Nuevo y Reyes. Habrá que recurrir al optimismo como pócima mágica en este paréntesis de paz donde no cabría el odio. Todos los dirigentes políticos, sociales y religiosos vienen obligados a procurar la felicidad y a trabajar por este bien como objetivo que ya fue reconocido en la Constitución de 1812, la más antigua de nuestras Constituciones. Como dice la ciencia, no es cierto que la riqueza venga aparejada de la felicidad. La riqueza se asienta tantas veces en el deseo irrefrenable de ser más rico y esta espiral consume la vida y corroe el alma sin límite que la frene.

Salgo a la compra, en casa se prepara una cena en familia con la obligación de todos los comensales de hacerse una prueba del covid antes de ese encuentro tan esperado. Están siendo necesariamente unas festividades distinta, pero yo brindo deseando a todos sin exclusión alguna, ¡¡Feliz Año Nuevo!!

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